Existe una imagen extendida, dentro y fuera de las fronteras del País Vasco, que presenta al PNV como la fuerza política hegemónica en Euskadi. En el extranjero es un lugar común considerar que todos los vascos son nacionalistas enfrentados a las instituciones españolas. Unas y otras son imágenes distorsionadas que no reflejan la pluralidad política y social de los vascos de carne y hueso manifestada de forma reiterada en los resultados de las elecciones y los estudios sociológicos.
Las primeras legislaturas autonómicas, en las que la ausencia de HB del Parlamento vasco permitió al PNV gobernar como si tuviera la mayoría absoluta, posiblemente han sido fundamentales para que se extienda esa idea de hegemonía política de los jeltzales. Hay que añadir a ello la capacidad del PNV para encabezar pactos y estar en el centro de todos los acuerdos, más el amplio poder institucional, económico y social que ese partido ha tenido en los últimos treinta años.
La falsa idea exterior de la unanimidad nacionalista, en cambio, ha sido construida en gran medida a golpe de atentados de ETA ya que este tipo de acontecimientos traumáticos tiene más eco mediático que la normalidad. Las bombas han sido uno de los factores de distorsión de la imagen real de Euskadi, no sólo porque han ofrecido un perfil negativo en los medios que sólo se hacían eco de las acciones terroristas, sino porque han ocultado la complejidad y diversidad de la sociedad vasca.
La representación electoral, sin embargo, está muy lejos de reflejar la hegemonía de ninguna fuerza política. El pluralismo del País Vasco que reflejan las urnas es muy superior al de la mayoría de las comunidades autónomas españolas. Siete partidos obtuvieron representación en el primer Parlamento vasco, en 1980, siete siglas estaban en la Cámara de Vitoria la legislatura que acaba de terminar y otras siete tienen posibilidades de obtener algún escaño el día 1 de marzo. Como contraste, en Galicia sólo tres fuerzas se sientan en el Legislativo.
Las últimas encuestas -entre ellas el Euskobarómetro de noviembre o el CIS de esta semana, además de algunas privadas- coinciden al dibujar un paisaje sin hegemonías, con mayorías ajustadas, que va a obligar a los partidos a complicados pactos para poder formar gobierno. Hay otra coincidencia novedosa: la eventualidad de que pueda formarse una mayoría alternativa sin contar con el PNV. Esto es algo que hasta ahora ha sido imposible porque los números no lo permitían o porque las diferencias políticas hacían inviable ese tipo de acuerdos.
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