Por mucho que hoy todos los partidos cierren su campaña con los actos más lucidos de su carrera, el debate en EITB quedará en la retina de los espectadores que, por una noche y sin que sirva de precedente, prefirieron ver, en su mayoría, la discusión electoral que adormecerse con una serie de 'prime time' emitida en cualquier canal de la competencia. Si más de 550.000 ciudadanos se quedaron atrapados a la pantalla fue debido, sobre todo, a que el pulso se mantuvo entre Ibarretxe y López. Y la atención hubiera tenido más hinopsis todavía si hubiera sido menor el número de participantes. ¿Existe algo más atrayente, en un buen debate político audiovisual, que el enfrentamiento de dos protagonistas? Solo dos. Como Kennedy y Nixon. McCain y Obama. Sarkozy y Segolène.
De hecho, hace cuatro años se realizó un debate en EITB entre cuatro aspirantes y la audiencia superó, entonces, en más de 107.000 espectadores la conseguida anteayer en el mismo medio. El de anteanoche, estuvo integrado por seis candidatos pero, en realidad, tres cantaron algún que otro estribillo, y el PP intentaba colar sus ideas tirando dardos contra un frontón que se los devolvía tal cual.
Pero el verdadero debate se libró, durante muchos momentos, entre los dos: Ni Ibarretxe ni López estaban interesados en otra cosa que en desactivarse mutuamente. Es decir: protagonizaron un 'cara a cara' pero acompañados. Tal como ha ido discurriendo la contienda, porque el 'juego para dos' ha sido la tónica más frecuente de la campaña. Y de la misma forma que para gustos están los colores, para alineamientos electorales se hicieron los debates. El debate en ETB ha provocado un posicionamiento tan encendido que todavía no se ha apagado la llama. Según el 52% de los encuestados sondeados por Gizaker ganó Ibarretxe. Pero no fue esa la impresión que dio cuando trataba las interpelaciones que le planteaban los representantes constitucionalistas.
Basagoiti intentó dar en la llaga cuando destacó la incoherencia de los socialistas presentándose como alternativa mientras apoyan los presupuestos del PNV. O diciéndole al lehendakari que no quieren imposiciones lingüísticas en la enseñanza de sus hijas. Pero no le contestaban.
El momento cumbre fue, sin embargo, cuando Ibarretxe quedó descolocado con la 'pregunta del millón' de Patxi López. Interpelado por el dirigente socialista para que le dijera qué ideología estaba ilegalizada en Euskadi, el lehendakari respondió: las 36 competencias pendientes de transferir del Estatuto. No le hizo falta que le resbalara una gota de sudor, como a Nixon. A eso, a las transferencias, quedó reducido su nivel de descontento al hablar de ilegalización. Ni el derecho a la soberanía, ni la Ley de Partidos que todo lo prohibe ni su proceso por hablar con Batasuna. Eso es todo. Fue lo único que se le ocurrió responderle a Patxi López. Y se cubrió de gloria.
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