
En el aula de segundo -nivel medio- del euskaltegi municipal de Llodio, en el turno de diez a doce del mediodía, hacen 'mintzapraktika', en pequeños corrillos, un mosquito gigante, una mariquita, Blancanieves, Caperucita Roja, un payaso y una maga con sombrero negro. Es martes de Carnaval y nada como el buen humor de la fiesta para enfrentarse al 'aditza' cuerpo a cuerpo y vencerle en buena lid. El verbo del euskera tiene justa fama de complejo y rico en matices. Hay muchas posibilidades de perderse en su laberinto, así que no es extraño que en los paneles de corcho y en la pizarra de la clase cuelguen grandes hojas con los verbos irregulares en presente y pasado, singular y plural, y con los subjuntivos, potenciales e imperativos. Esas hojas, piensa el cronista, vendrían a ser como las migas de pan que Pulgarcito iba dejando por el bosque para recordar el camino de vuelta.
En el euskaltegi municipal de Llodio, fundado en 1983, durante el mandato como alcalde de Juan José Ibarretxe, aprenden euskera este curso 240 alumnos. Patxi Iturregi lo lleva dirigiendo veinte años, tiempo de sobra para valorar los grandes cambios que se han producido en los sistema de aprendizaje de la lengua vasca. «Cuando empezamos, los soportes didácticos eran mínimos. Había pocos textos y la mayoría eran en vizcaíno. Y a nivel audiovisual, pues no teníamos nada. Ahora hay material de sobra, tanto que nuestra competencia son los cursillos on line. De todos modos, donde estén las clases presenciales y el contacto entre profesores y alumnos que se quite la autoenseñanza», afirma, sentado en su despacho, en la planta baja del imponente edificio -ni más ni menos que el palacio de los marqueses de Urquijo- donde se ubica el centro.
Como suele ser habitual, en el euskaltegi se ofrecen cuatro niveles de enseñanza: el Básico, el Medio, el EGA, en el que se matriculan aquellos alumnos que quieren sacar el título oficial, y el Técnico, pensado para euskaldunes que necesitan dominar unos registros muy concretos del idioma para cursar algunas carreras universitarias. El recorrido desde la ignorancia total del euskera hasta alcanzar el EGA, informa Iturregi, se calcula entre 1.300 y 1.500 horas lectivas, lo que a un ritmo de dos horas de clase diarias viene a suponer cuatro años de aprendizaje. El director del euskaltegi aporta otro dato curioso: el 70% de los matriculados son mujeres que necesitan sacarse el título o llegar a un nivel de conocimiento del idioma suficiente como para ayudar a sus hijos con los deberes.
La estadística de Patxi Iturregi sobre el predominio absoluto del alumnado femenino se constata de forma abrumadora en el aula de segundo de nivel medio, la del 'aditza' bien desgranado en los paneles de corcho y en la pizarra. Resulta que el mosquito gigante, la mariquita, Blancanieves, Caperucita Roja, el payaso y la maga con sombrero negro son todas mujeres, como los son las otras tres alumnas que no han acudido a clase disfrazadas. Su profesora, Ana Darriba, les insiste cada día en la necesidad de hablar en euskera, de soltarse, de practicar y practicar, superando incomodidades y vergüenzas. Para incentivar la 'mintzapraktika' está la 'Euskararen agenda', un calendario en el que se detallan todas las actividades relacionadas con el euskera que se organizan en el valle de Ayala: cenas de bertsolaris, salidas al monte, comidas en sidrerías, actuaciones de payasos, danzas, marionetas...
Aparte de ello, en Llodio funciona el programa 'Berba Lagun', pensado para que los alumnos se junten para hablar en bares o haciendo la compra. Lorena Cascallana, Izaskun Agirre y Merche Huerta han participado alguna vez. Se han hecho amigas en el euskaltegi y comparten puntos de vista respecto al euskera, cuyos misterios van desvelando juntas. Uno de ellos es la dificultad para compatibilizar su largo aprendizaje la familia, los niños, el trabajo, las labores de casa... Y el segundo es la necesidad de no imponerlo. «Yo sigo teniendo ilusión por aprender, pero creo que la dinámica de la imposición es negativa. No puede puntuar igual el euskera que la carrera que has estudiado a la hora de acceder a un trabajo», dice Merche, enfermera de profesión, que necesita el EGA para obtener una plaza fija en Osakidetza. Lorena asiente. Es profesora y sabe que con el euskera tiene una obligación. Pero ve el lado bueno de las cosas. «Yo es que me lo paso bien».
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